Biografía

El inicio de una pasión: De la Werlisa al carrete de los 90

Mi camino en la fotografía comenzó en la vibrante década de los 80, con la sencillez y el encanto de una Werlisa. Aquella cámara fue mi primera escuela, enseñándome que la magia no estaba solo en el dispositivo, sino en la mirada de quien sostiene el visor frente a la inmensidad de la naturaleza. Con la llegada de los 90, mi curiosidad técnica creció y me adentré en el mundo de las cámaras analógicas de mayor rendimiento, como la robusta Nikon F90, mientras exploraba la versatilidad de las compactas Fujifilm y Olympus. Fue en esta época cuando descubrí que mi verdadera vocación era la fotografía de paisaje, aprendiendo a respetar los tiempos de la luz y la paciencia necesaria para capturar la esencia de cada entorno.

El salto digital: El romance con la Canon 450d

La verdadera revolución personal llegó con la transición al mundo digital. Aunque he manejado muchos equipos a lo largo de mi trayectoria, guardo un cariño inigualable a mi primera réflex digital: la Canon 450d. Fue con ella con quien perfeccioné mi técnica en exteriores, descubriendo la libertad del procesado para resaltar los cielos y texturas que tanto me fascinan. Esta cámara se convirtió en mi compañera inseparable de rutas, siendo la herramienta que terminó de definir mi estilo visual centrado en la calma de los horizontes. A pesar de los avances que vendrían después, esa Canon sigue siendo el símbolo de mi consolidación, el puente perfecto entre la nostalgia del carrete y la posibilidad de inmortalizar la grandeza del paisaje.

Madurez y vanguardia: El paso al Full Frame

Entrados los años 2000, continué mi evolución técnica buscando siempre la máxima fidelidad en el detalle natural, lo que me llevó a la potencia de la Nikon D5300. Hoy, ya en la década de 2020, mi equipo refleja esa búsqueda constante de excelencia; trabajo con la fiabilidad de la Nikon D7500 y he dado el salto definitivo al formato profesional con la Panasonic S5II (S5d). Esta incursión en el mundo Full Frame ha transformado mi forma de entender la fotografía de paisaje, ofreciéndome un rango dinámico y una profundidad que permiten que cada montaña, costa o bosque cobre vida propia. Mirando atrás, cada sensor y cada lente han sido pasos necesarios para narrar con precisión la belleza del mundo que nos rodea.